Fiódor Dostoievski · 1848 · Novela corta / Literatura rusa
Esta es mi primera reseña y, como irán notando, no soy un lector habitual de novelas — mi interés dentro de la lectura gravita más hacia la historia, la política y la filosofía. Sin embargo, quise empezar por aquí porque este libro me gustó mucho cuando lo leí, y fue además una de las primeras novelas que leí por voluntad propia, lo que con el tiempo me llevó a adquirir casi todo Dostoievski. Las reseñas tendrán un carácter general y, siempre que sea posible, incluirán un análisis psicológico, ya sea de los personajes, de la historia o del propio autor. Se incluirán un par de frases — que también me fascinan — que ilustran un poco el mundo interno del protagonista.
Creo que todos hemos escuchado o leído a Dostoievski alguna vez. De alguna manera ese nombre siempre llega a nuestros oídos cargado de un prejuicio particular: los escritores rusos se asocian comúnmente a lo sombrío, lo lúgubre, la soledad y la desesperanza. Quizás tenga que ver con el contexto en que vivieron. En 1848 — año en que se escribió esta novela — Rusia era una autocracia absoluta, con censura pesada y los contrastes socioeconómicos de siempre. Dostoievski tenía 27 años.
El contexto geográfico siempre me parece relevante. El título "Noches Blancas" viene de un fenómeno real de San Petersburgo: en verano, la latitud de la ciudad impide que oscurezca del todo. Una ciudad que, según los censos de la época, tenía apenas 600.000 personas que casi no dormían. Un escenario perfecto para un hombre que tampoco sabía muy bien cómo vivir despierto.
El protagonista no tiene nombre. El autor lo llama simplemente "el soñador": alguien que lleva años habitando su propio mundo interior, sin amigos cercanos, sin historia amorosa, sin vida exterior en ningún sentido real. Tiene, en cambio, fantasías elaboradas y hermosas. Todo monótono y común hasta que una noche conoce a Nástenka, una mujer que llora junto al canal — el mundo real le ofrece, por primera vez, algo que sus sueños y pensamientos no pueden darle.
Venía a ser como si todos, de pronto, me hubiesen olvidado, como si les fuese yo a todos ellos completamente ajeno.
Algo que me surgió leyendo, quizás un poco circunstancial, es que este tipo de novelas pareciera resonar más comúnmente en hombres que en mujeres. No porque la soledad sea exclusiva de ellos, sino porque tiende a expresarse de manera distinta: con frecuencia con menos redes de apoyo, menos herramientas de afrontamiento, más silencio. El soñador encarna eso con una fidelidad que cuesta ignorar.
Desde un análisis clínico, el personaje podría presentar rasgos que cabrían dentro de lo que conocemos como apego ansioso: cierta dependencia emocional, algo parecido al miedo al abandono, una intensidad afectiva que aparece de golpe. En ese momento donde conoce a Nástenka podemos ver cómo el "amor" que siente hacia ella, más que nacer del sentimiento como tal, nace de la escasez — de la necesidad de compañía, de contacto — por lo que termina por idealizar este amor a primera vista y querer aferrarse a él a toda costa. Desde un cariz psicológico se podría advertir una intensidad emocional y una fantasía romántica que incluso podría rozar lo patológico; sin embargo, el mismo autor se aprecia tan cuerdo, lúcido y se expresa de una manera tan abierta y sensible, que es como si hubiese escrito ese discurso y esperado toda la vida para soltarlo en el momento y con la persona perfecta.
Tenía la impresión de que, ya sin eso, tan solo, había de verme abandonado de todo el mundo, que todos habían de apartarse de mí. Naturalmente que todos tienen ahora el derecho de preguntarme: "Bueno, veamos, ¿quién son esos todos?"
Por mi parte, recomiendo el texto para todo tipo de público — es una entrada perfecta para acercarse a Dostoievski y al contexto en que se erige la historia y el autor. Para aquellos que disfrutan de la pasión y el fervor emocional del amor y desamor, esta novela revela lo crudo que pueden ser aquellos sentimientos.
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